Jes Extender: polla grande ande o no ande.

Jes Extender: polla grande ande o no ande.

Estimado lector,

ayer por la noche y por causas que no acierto a desentrañar, el televisor y yo coincidimos en el espacio-tiempo. Exactamente a las tres de la mañana y en el ático de mi casa.

Andaba pensando en un amigo al que últimamente veo bastante decaído; sale poco, no quiere saber nada de las mujeres…e incluso se ha puesto a leer novelas, que no es que leer tenga nada de malo, pero cuando se llevan 20 años de juerga en juerga el hecho de recluirse en casa a leer Ana Karenina, Los Miserables y otros ladrillazos del estilo denota cierto decaimiento espiritual. No sabía qué hacer para animarle un poco.

Por una vez, el televisor me ha resultado de lo más útil. Es increíble que muchas veces le demos tantas vueltas a la cabeza para sentirnos bien, en armonía con el mundo, cuando la solución es tan evidente y cercana. Y barata.

El Jes Extender, lejos de ser un timo cuyo target se centraría en la inmensa cantidad de acomplejados que en el mundo somos, no es sólo una forma dudosa de ponerse gorda la polla, si no una especie de remiendo mágico para mejorar la autoestima.

“Jes Extender no es un medicamento, pero tiene efectos secundarios: te sentirás mejor, más seguro y tranquilo”.

Está claro, se lo compro para Reyes. Ya le estoy viendo el fin de semana siguiente, él que es un timidín, entrarle a las tías en las discotecas con el aplomo y la seguridad de un profesional.

Una caja industrial de condones de tamaño industrial. Si no viene incluida en el paquete  del Jes Extender, se la tendré que comprar aparte.

En la oficina del INEM o en las entrevistas de trabajo, que le tengo dicho que si de verdad quiere encontrar curro ha de adornar un poco el curriculum vitae, y mentir con naturalidad sobre sus años de experiencia en tal o cual oficio…y que nada, que si le parece inmoral, que si luego todo se sabe, que si yo no valgo para eso…

…gracias a su nuevo amigo tendrá la confianza suficiente para dejarse llevar por mis sabios consejos.

(Nunca he trabajado de cajero, pero qué más da, si con lo que llevo puesto dentro de 3 meses voy a tener un pollón que va a temblar el misterio:

- Sí señorita, 6 años de experiencia. Donde pongo el ojo pongo el código de barras.)

Este alma en pena, que siempre ha tenido una nula confianza en sí mismo, dejará al fin de sentirse inferior a todo el mundo. En las reuniones familiares, en la facultad y en el instituto…qué coño, hasta en el colegio pasaba desapercibido, nadie nunca lo tuvo en cuenta para nada, pero…

…con dos argoyas estirándole la polla noche y día seguro que la gente comienza a tomarle en serio.

150 euros tienen la culpa. Un precio más que razonable para echarle una mano a un coleguilla.

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P.D.: lo que no acabo de entender es por qué todos los actores del anuncio parece que hacen esfuerzos inhumanos para no descojonarse de la risa. Que este no es un asunto frívolo…que hay mucha pasta en juego.

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Foto: pandemia

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